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Jordi Aluju - Mercado Motor - 15/07/2016 - PRUEBAS

De prueba con el Hyundai Elantra a las 24 Horas de Le Mans

El sedán surcoreano es el vehículo escogido para ir a la carrera de resistencia por excelencia

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Nota del autor: Este no es un artículo ni reportaje convencional. Tras pensar varios modelos, pensé en hacer este pequeño diario de viaje donde relato el día a día con vivencias así como consejos para futuros viajeros. 

 

Uno de los grandes logros de Internet ha sido la capacidad de unir a gente interesada en una misma afición sin importar las distancias. Conversaciones interminables sobre tus hobbys con gente que jamás hubieras conocido por otra vía y que posiblemente hubiera provocado el perder interés en tu afición año a año, al no poder compartirla con nadie.

 

Sin comerlo ni beberlo, en Junio de 2015 me vi envuelto en un viaje a las 24h de Le Mans sin que apenas recuerde haber dicho que sí, aunque desde luego no dije que no. Se trataba de una carrera a la que quería ir y donde es mejor no retrasar la decisión, pues la poca variabilidad de su fecha puede provocar que por motivos laborales no sea un destino plausible, como ocurre con ciertos maestros de escuela que conozco.


 

 

Los planes para 2016 eran diferentes. La intención inicial, con experiencia en el terreno y sabiendo qué te vas a encontrar, era la de cubrir la competición desde el terreno, mejorando la cobertura dada por www.revistasafetycar.com. Para ello se siguió el sistema de acreditación establecido por la organización, que es único para esta carrera. Además de los requerimientos típicos, debía escribir una carta explicando los motivos por los que quería ir y detallando cual iba a ser mi trabajo, lo cual me daba la oportunidad de explayarme, explicando que no solamente cubrimos las 24h de Le Mans, sino el mundial al completo y las competiciones IMSA y de GT’s cuyos pilotos forman la mítica carrera. Dicho texto me dio seguridad, ya que tengo la certeza de ser una de las pocas páginas web o medio en general que realiza dicha cobertura completa.

 

Desafortunadamente, ACO desestimó mi petición aludiendo a un exceso de peticiones, lo cual debo confesar, no me esperaba. Como ya me avisó un amigo, a Le Mans se va apadrinado por las marcas, ya que por el canal oficial parece imposible. Con acreditación permanente en WRC, sin problemas para estar acreditado en F1 así como en competiciones de SRO, GT Sport, DTM o V-Line entre otros, la negativa supuso un cambio de planes, pues mientras ellos te dan la repuesta con apenas 15 días de margen, resulta imposible organizar el viaje tras conocer el veredicto. Así que a dos semanas de la prueba, las opciones eran trabajar desde casa perdiendo una notable cantidad de dinero o repetir el viaje como aficionado puro y duro, optando finalmente por la segunda.


 
 

En este punto hay que mencionar que las posibilidades de alojamiento para la prueba francesa son más bien limitadas. Teniendo en cuenta que solamente en la carrera principal compiten 180 pilotos, sumando unos 100 más en las carreras soportes, familiares, personal de prensa, mecánicos y personal de marca e invitados de la misma, ya que se trata de la carrera más importante del año para los fabricantes involucrados, así como la cantidad ingente de trabajadores de todo tipo en el circuito, da para hacerse a la idea de cuanta gente mueve este evento. Por lo tanto, los hoteles, apartamentos y casas de la zona quedan ocupados al completo incluso a un año vista. Así que para el aficionado medio, las opciones son una señora kilometrada hasta una habitación de hotel libre o acudir a los Camping.

 
 

 

ACO tiene contabilizados cerca de 25 campings alrededor del circuito de la Sarthe, lo cual no quiere decir que sean accesibles para cualquiera. Muchos pertenecen enteramente a clubs privados, otros se los quedan completamente agencias de viajes, quedando como mejor opción “Beausejour”. Es un camping asequible pero parco tanto en equipamiento como en accesos. Su precio, de 57€, lo convierte en un caramelito para grupos grandes. Una parcela te da derecho a 35 metros cuadrados, un espacio que da para un par de tiendas y un coche. Para bien o para mal, el espacio no está delimitado previamente, y aunque el personal del camping se empeña en colocarte, no hay excesivos problemas para moverte a un lugar más idóneo, al tiempo que coger más o menos metros no siempre es controlado.

 

Ciertamente Beausejour más que camping tiene pinta de campo abierto delimitado para la ocasión, por lo que las lluvias pueden complicar mucho el elegir una buena zona. Llegar pronto te abre un abanico de posibilidades a la hora de elegir parcela. El hacerlo excesivamente cerca de la puerta supone un escándalo insoportable, el hacerlo muy lejos supone una señora caminata para entrar y salir del mismo. No es aconsejable colocarse muy cerca de una zona de duchas y aseos, ya que estas zonas acaban embarradas y a veces con olores no muy agradables. Tanto los aseos como las duchas, individuales, cumplen dignamente su papel, si bien no es raro encontrarse algún pequeño incidente como la pérdida de electricidad de las casetas.


 
 

Siempre es aconsejable colocarse cerca de un vecino que te de buenas sensaciones. Más posibilidades de descanso asentados junto a una familia que junto a adolescentes con música y muchas ganas de fiesta. Puede sonar ilógico, pero hay gente que no sale del Camping durante todo el fin de semana, gente para la que el camping es su evento. Desafortunadamente, resulta imposible elegir a tus vecinos y al final te debes a la suerte. La parte positiva del asunto es que acabas tan agotado físicamente que es fácil abstraerse de los ruidos y conciliar el sueño. La última parte que hay que tener claro del asunto, es que las plazas de camping se agotan, se agotan rápidamente, siendo su compra aconsejable antes de fin de año. Si has decidido tu viaje a última hora, no desesperes, pues siempre hay gente que no puede ir y utiliza canales de compra venta, quedando una posibilidad abierta.

 

Como he comentado, una parcela te da derecho meter un coche dentro del camping. Una posibilidad, y también me arriesgo a decir que un error de novato, es dejar el coche aparcado y moverte el resto del fin de semana a pie. A excepción de las curvas Porsche, lugar que recomiendo visitar y que queda muy cerca del mencionado camping, el resto de lugares exige una notable caminata, que a lo largo de los días pesa y hace mella. Por lo tanto, comprar una plaza de parking, que te deja a 200 o 300 metros de la entrada al circuito, no es una locura, ya que con su precio de 27€, si vas en grupo acaba siendo un gasto irrisorio y el ahorro de caminata, notable. Por supuesto, hay que mencionar que los atascos son comunes y pueden llegar a ser desesperantes, pero más vale comerse un gran atasco dentro de un coche a ir andando bajo un aguacero como el vivido el jueves por la noche al término de la clasificación. Aclarar que el uso de bicicletas está extendido y tampoco hay problema alguno para entrar en el circuito con ellas, siendo una opción muy a tener en cuenta si tienes el espacio necesario como para viajar con ellas.


 
 

Tu previsión del viaje debe rozar la perfección para que a lo largo del fin de semana no te haga falta algún tipo de provisión, aunque sea algo tan básico como pan o bebida. Cabe mencionar aquí que tanto la comida como la bebida ofrecida por los diversos puestos del circuito (y también en el propio camping) no es ni barata ni de calidad. El circuito está entre los municipios de Le Mans, Arnage, Mulsanne y Ruaudin, unidos entre ellos por incontables caminos. Aconsejaría no tener miedo a la hora de visitarlos en busca de víveres, pues los caminos están notablemente señalizados, por lo que dando un mayor rodeo o menor, siempre acabarás encontrando el camino de vuelta a casa. Aunque un GPS y las coordenadas de un Carrefour o SuperU cercano te ahorrarán quebraderos de cabeza y sobre todo, tiempo.

 

Al contrario que en otro tipo de competiciones, no hay problemas para entrar al circuito con comida o bebida, incluso acompañados de neveras y sillas, aunque este año las normas han debido variar, ya que no se permitía la entrada de alcohol, mientras en otras ocasiones no había problema en entrar con botes de cerveza, por ejemplo. Esto se extiende a la cerveza vendida dentro del circuito, también sin alcohol. Dicho esto, es adecuado proveerse con más comida y bebida de la que pienses que vas a gastar, pues se acaba gastando.

 

Pero antes de entrar en detalles con la carrera, y tras haber hablado del alojamiento, volvamos al punto de partida. A través de www.mercadomotor.es, la web de producto del grupo Scratch Media, habíamos acordado la cesión de un vehículo para realizar las tradicionales pruebas y así escribir los reportajes que se ven en la web. Aprovechando las fechas, dicho vehículo sería utilizado para ir a las 24h de Le Mans. Así pues, el Martes 14 de Junio, Hyundai nos cedió una unidad de su modelo Elantra, una berlina de cuatro metros y medio con un buen maletero, ideal para un viaje de estas características, y un motor 1.6 CRDi de 136cv, de nuevo ideal para garantizar bajos consumos y ajustar presupuestos vía ahorro de combustible.


 
 

Tras conocer el modelo en cuestión, no pude evitar interesarme por el mismo, buscando información a través de internet. Viendo fotos, me quedó la duda de si sería un coche donde cuatro personas pudieran viajar cómodamente, amén de que algunos comentarios dudando de la usabilidad del maletero me hicieron pensar en la idoneidad del vehículo. Las dudas se disiparon en el primer contacto con el vehículo. El puesto de conducción era amplio y cómodo incluso para una persona de gran tamaño como yo, pudiendo desplazar el volante tanto arriba y abajo como para fuera y para dentro. Las plazas traseras eran no solo útiles, sino cómodas y en cuanto al maletero (mención especial al sistema Smart Trunk, que te abre el maletero con tener presionado un botón en la llave del coche) un rápido vistazo fue suficiente para comprobar que tenía capacidad para transportar todos los útiles necesarios para el viaje.

 

A los mandos del coche, la suavidad de conducción se evidenció de forma instantánea. Con un juego de pies fácil y sencillo, el coche se dejaba llevar como si acumulases toda una vida de experiencia sobre él. La mencionada suavidad invitaba a conducir en un rango de revoluciones bajo, además de la continua instigación de la pantalla TFT sobre el cuadro de luces que te aconsejaba continuamente subir una marcha. Aunque positivo para los consumos, podría dar al coche apariencia de perezoso sin serlo realmente.


 
 

Apenas unos minutos sobre él resaltan una de las características que más me acabó gustando, la suspensión. Ésta absorbía satisfactoriamente las irregularidades del asfalto, teniendo un paso por los badenes tan comunes en las ciudades más que agradable. Unido a la dirección, con un compromiso muy adecuado entre firmeza y ligereza, seguían invitando a una conducción suave y relajada. Con estas características no es de extrañar si digo que la experiencia de viaje acabó siendo más que satisfactoria, superando las expectativas puestas sobre el vehículo en un primer momento, ya que si transmitió todas estas sensaciones en pequeños trazados urbanos, todo se maximizó a la hora de salir a autovía y completar kilómetros sin descanso.

 

El mismo martes, tras una tarde de compras de última hora y una cena rápida, Llinars del Vallés se erigió como punto de partida de la aventura. Allí cargaríamos los vehículos y saldríamos rumbo Le Mans. Pasada la media noche, una autocaravana y el mencionado Hyundai partían hacia Francia cargados hasta arriba de bártulos y con 8 personas a bordo, estando tres en la berlina y el resto en la autocaravana.


 
 

El ir en convoy con la mencionada caravana marcando el ritmo de viaje impidió probar a fondo el “cruise control”, aunque éste si se pudo usar durante algunos periodos, quedando una sensación de que la forma en que se modificaba la velocidad con el sistema activado debía ser más precisa, pues resultaba muy complicado clavar la velocidad a la que querías ir, siendo normal pasarte o quedarte corto. En honor a la verdad, me lancé a usar el sistema sin tan siquiera ojear el manual, por lo que cabe la posibilidad de que todo el problema también se debiera a una torpeza por mi parte o a los vicios adquiridos de usar frecuentemente este sistema en vehículos de otro fabricante, en mi caso, Volvo.

 

La parte positiva de ir en convoy es que ponía una fácil solución al que sin duda es un fallo incomprensible en el diseño de este Hyundai Elantra. Y es que esta berlina, en la frontera entre el segmento C y el segmento D, no puede llevar navegador GPS ni de forma opcional, algo que en el año 2016 podría llegar a ser comprensible en pequeños utilitarios, entre muchas comillas, pero no en una berlina de estas características en la que se supone que los viajes son un punto fuerte, y menos cuando en el mismo fabricante, vehículos de segmentos inferiores como el i20, sí lo tienen. Parece ser que Hyundai está trabajando para ofrecer el sistema en breve, lo que daría sentido a la pantalla a todo color que el Elantra tiene en el centro del salpicadero y que sin un sistema de este tipo, queda deslucida.


 
 

Volviendo al viaje, desde la zona de Barcelona hay tres rutas diferenciadas que van por muy diferentes sitios y que paradójicamente tienen un kilometraje similar. En este caso, se optó por cruzar la frontera por La Jonquera para luego ir en dirección Toulouse. Más tarde se pasaría por Montauban, Limoges hasta llegar a Châteauroux, donde dejaríamos la E9/A20 para ir por carretera nacional hasta Le Mans, siguiendo una ruta pintoresca que además nos haría ahorrarnos algunos peajes.  Esta ruta es de aproximadamente 1.000 kilómetros, pagando varios peajes. El primero de ellos, 12,20€ correspondiente al tramo de la AP7 hasta la frontera. Tras cruzar la frontera entramos automáticamente en el peaje francés, de Le Perthus hasta Toulouse, un total de 234 kilómetros a un coste de 21,20€. Desafortunadamente, nos encontramos un Toulouse en obras por la noche, que nos hizo salirnos de la autovía para atravesar la ciudad, con acontecimientos que sería mejor no relatar. Tras encontrar de nuevo la A62, un pequeño tramo de peaje entre St Jory y Montauban, 28 kilómetros a 2,30€. Por último, un tramo de 129 kilómetros entre Montauban y la población de Noailles, por el cual se pagó 12,90€ Todos estos peajes se concentraban en la primera mitad del viaje, estando la segunda mitad exenta. En total, casi 50€ por vehículo, 100€ contando la vuelta. Una cantidad considerable, que únicamente se hace asumible gracias a ser un grupo grande.

 
 

 

Tras toda una noche conduciendo llegamos al destino. Entre la veteranía del grupo y los numerosísimos carteles que acostumbran a indicar, al menos, el parking rojo y azul, fue fácil llegar a la puerta del camping, donde el personal nos comprueba la validez de nuestros tickets. Al ser un grupo numerosos, teníamos un total de seis parcelas. Cada parcela da derecho a entrar con un coche con el que además puedes entrar y salir fácilmente después de que un amable empleado te pegue una pegatina sobre el salpicadero sin mediar palabra. Al ser miércoles, aún quedaba mucho espacio libre lo que nos salvó la vida ante lo que ya intuíamos, que las lluvias caídas durante toda la semana y que sufrimos durante varios periodos durante el viaje nocturno, habían hecho mella en el camping dejando varias zonas inutilizadas.


 
 

Ya dentro del camping, un empleado se empeñó en delimitarnos nuestra zona, aunque tras varias conversaciones y asegurarle que no era nuestra primera vez, nos dio vía libre para conquistar el terreno que quisiéramos. Tras palpar tres zonas, y que la caravana casi se nos quede atrancada en una, optamos por una en el camino central, en lugar de los caminos accesorios. Esto suponía un mayor tránsito de gente alrededor, pero el suelo estaba practicable, y según nos indicaron los empleados, el fondo no se iba a llenar ya que estaba embarrado y estaban derivando a la gente a otros lugares. Tras una tarde intensa de compras y toda una noche conduciendo, tocaba montar el campamento. No es lo que más apetece, pero es algo que hay que hacer cuanto antes, y gracias al sol primaveral que nos recibió, se hizo de buena gana.



 
 

Tras colocar la caravana al fondo procedimos a delimitar el terreno con varas y cinta. Es ampliamente recomendable hacerlo por varios motivos, incluyendo el que no te vayan ganando terreo como el que no quiere la cosa. Pasamos a desplegar el todo y seguidamente montar una carpa comprada para la ocasión. El catálogo de carpas disponibles es amplio, y van desde unos básicos 30€ a barbaridades de más de 1000€. Pero hay que tener en cuenta varias cosas. No hay edición de Le Mans en la que no llueva durante la semana, y a menudo la lluvia está acompañada por fuertes vientos, por lo que una carpa con protecciones laterales será un buen refugio y mantendrá tus cosas a salvo. Una vez montada la carpa, pasamos al sistema de iluminación, que se creó para la ocasión con tiras leds de bajo consumo. Como se dijo anteriormente, el camping es parco en instalaciones y el suministro eléctrico es inexistente, por lo que un generador de gasolina te será fundamental para iluminar durante la noche y para cargar los teléfonos o powerbanks.


 
 

Un par de mesas de picnic y sillas amontonadas compradas en anteriores visitas a Le Mans completaron la estampa. Con el núcleo levantado, tocó empezar a montar las tiendas de campaña mientras de forma paralela un grupo de personas iba a realizar la compra para al menos, este primer día. Agua, refrescos, pan, embutidos, café, algo para el desayuno e intentar encontrar a toda marcha los utensilios que habíamos olvidado, como unas chanclas para la ducha. Afortunadamente, en los supermercados de la zona acostumbran a estar al tanto de todo lo que se necesita en estos días y fácilmente encontrarás lo más básico, incluyendo varios comerciales de cerveza entregándote cupones de descuento si te llevas su marca.


 
 

Después de una primera comida formada por productos traídos de casa y compras de última hora, el cuerpo pedía siesta. En esta ocasión, y aprovechando el mayor espacio proporcionado por la caravana, tomamos la decisión de comprar colchones hinchables para las tiendas de campaña, decisión que tras el resultado dado, se mostró extremadamente acertada, ya que las escasas horas de sueño se vuelven sin duda más reparadoras que sobre una simple esterilla. Tras unas horas de descanso, por fin tocó ir al circuito.


 
 

Como comentamos más atrás, se optó por la idea de complementar el camping con plazas de Parking, por lo que una vez se unió a la expedición un compañero llegado de las islas británicas y su coche con el volante en el lado incorrecto, partimos hacia el circuito. Sin embargo, aunque las lluvias no nos complicaron en exceso la vida en el camping, si lo hicieron a la hora de aparcar. Al intentar entrar en el Parking Bleu, que queda cerca de la tribuna de meta, nos dijeron que era imposible debido al barro, y nos derivaron al parking Vert. Cercanos entre sí, hay que dar un rodeo, ya que mientras que el Bleu se encuentra en la zona exterior del circuito, el Vert está en la zona interior. De hecho, el Vert es realmente el parking del estadio de fútbol.


 
 

Al llegar al Vert, que es una entrada por la que VIPS acceden con su coche dentro del circuito, ya que ellos aparcan sobre el trazado de Bugati, el personal de acceso nos puso cara de circunstancias, pero optó por creer nuestra versión y dejarnos pasar. La puerta de acceso de esta zona nos deja a mitad de camino entre la tribuna de meta o la zona de Tertre Rouge, desde la que decidimos ver la clasificación nocturna. Debido a una ligera lluvia, acabamos en una de las gradas cubiertas, que a excepción de la carrera, son accesibles con entrada general. En este punto quizás deberíamos hablar de la entrada al circuito. Una entrada general a Le Mans para toda la semana son 78€. La entrada te da libertad para moverte por el trazado, en cualquiera de sus curvas, siempre teniendo en cuenta que no podrás acceder a las tribunas numeradas el día de carrera. No obstante, existen varios descuentos, como el del carnet joven, que te deja la entrada a 39€. Si mis informaciones no son erróneas, también existe la entrada de Arnage, a precio más reducido pero que no te deja salir de esta apasionante curva. (Consejo: ya sea imprimida en tu casa o comprada en taquilla, vas a tener que enseñar la entrada cada vez que quieras entrar o salir del circuito, leyéndote el código una pistola. Siendo tantos días y con amplia posibilidad de lluvia, no es mala idea plantearse la compra de un colgante con funda de plástico para salvaguardar la integridad de la entrada. Si deterioras una impresión, aun puedes sacar otra, pero si deterioras una comprada en taquilla, te enfrentas a un buen problema.)


 
 

Mientras que el acceso es fácil desde la zona de meta hasta Tertre Rouge en cualquiera de sus curvas o lados, la cosa se complica en el caso de las curvas Porsche así como Arnage e Indianápolis, ya que no están unidas por así decirlo, y no hay más remedio que salir del propio circuito para acceder a esa curvas. Teóricamente la zona de Les Hunaudieres, las chicanes y la brutal frenada de Mulsanne no son accesible casi ni para los fotógrafos. La parte positiva para alguien asentado en el camping de Beausejour, es que las curvas Porsche son accesibles desde el propio Camping siguiendo un fácil camino de tierra. La negativa es, que a pesar de que Indianápolis también debería estarlo, te impiden el acceso.

 

Con la primera jornada finalizada, tiempo para regresar al camping, donde se produjo una cena a base de salchichas hechas en barbacoa y una posterior larga charla de sobremesa repletas de anécdotas que hacen que todo esto cobre sentido. Para finalizar, planificar el jueves y turno de ir a las tiendas a dormir.


 
 

El jueves, la actividad en el circuito comenzaba pronto, sin embargo, había otras prioridades. En primer lugar, había que realizar la compra principal, la que debería ser la última, por lo que un grupo se desplazó hasta un supermercado mientras el resto se quedaba en el campamento a la espera de que se unieran más miembros, pues un comando venido desde el País Vasco y otro llegado desde Zaragoza estaban cerca de llegar y alguien debía mostrarles el camino hasta nuestra parcela. Tras la llegada de dichos miembros y el montaje de nuevas tiendas de campaña, nueva comida, un intento de Pizza-calzone hecha en barbacoa que no quedó tan bien como en las recetas que habíamos visto a través de internet, así como productos cárnicos.


 
 

Tras la comida, nueva incursión al circuito, a la zona del paddock, pues Jordan Taylor, piloto al que se le dedicó unas camisetas en 2015, quería saludarnos. Tras llegar, con ligera lluvia cayendo sobre nosotros, la cual le dio utilidad al poncho impermeable comprado casi de casualidad a última hora, y que acabó salvándome la vida, conseguimos charlar con el piloto de Chevrolet, al tiempo que también saludamos a otros pilotos como Brendon Hartley o Romain Dumas.


 
 

Decidimos dar unas vueltas por la zona para buscar el hospitality de Manor. Una vez allí, preguntamos por Roberto Merhi, pero nos indicaron que estaba en la zona de boxes, una zona a la que no se podía llegar debido a que se estaban disputando entrenamientos de las categorías teloneras. Camino del “Village”, poniéndonos de acuerdo para quedar a una hora y así que cada uno pudiera visitar lo que quisiera, la fortuna quiso que Roberto viniera andando hacia nosotros. El castellonense no dudó en parar a charlar con nosotros durante un más que largo periodo de tiempo, contándonos sus impresiones sobre el circuito y cómo le había ido en clasificación, incidiendo en que estos neumáticos de agua si funcionaban, y todo mientras algunos fans pasaban y le pedían firmas y fotos.


 
 

Una vez Merhi consiguió liberarse de nuestras incesantes preguntas, esta vez sí partimos rumbo al Village, la zona comercial ubicada en el interior del circuito, un espacio repleto de tiendas y puestos interesantes para los amantes de las carreras, pero que de forma cruel no dispone de un solo lugar de descanso. Tras mucho deambular y que algunos miembros del grupo se vieran seducidos por el amplio merchandising, decidimos ir hasta la chicane Ford para ver una nueva sesión de clasificación, mientras la lluvia iba y venía. También se pudo aprovechar para visitar la zona comercial bajo la tribuna de meta, y comprar algún que otro vaso así como el programa de la carrera.


 
 

El programa de la carrera cuesta 5€ e incluye tres revistas de diferente tamaño repletas de información y con una “spotter guide” que te resuelven las típicas dudas sobre pilotos y dorsales que acostumbran a salir durante el fin de semana. En cuanto a los vasos, se trata de varios diseños editados con los ganadores de la última edición, y que por un precio extra de 1€ puedes pedir en los distintos puestos del circuito al pedir tu bebida, si bien algunos puestos también te venderán los vasos sin necesidad de acompañarlos de bebida, convirtiéndolo en un recuerdo muy bonito, útil, y a bajo coste.


 
 

Al comienzo de la última clasificación, la lluvia incrementó, y ante la previsible poca actividad en pista, decidimos volver al camping. Decisión acertada sin duda vista la cantidad de agua que nos llegó a caer durante la vuelta, afortunadamente mientras aguardábamos pacientemente en un monumental atasco. La entrada a los camping es lenta, sobre todo si es tu primer ingreso, y acostumbran a colapsar las carreteras de la zona, que son de un único carril para cada sentido. Ya en la base, afortunadamente sin lluvia, nueva cena a base de pan, carne y embutidos seguida de una larga sobremesa antes de ir de nuevo a dormir.


 
 

El viernes es un día diferente. Los coches no ruedan y la actividad varía. Tras un breve desayuno, de nuevo rumbo al circuito para ir al “pit walk”, esta vez con un aliciente extra, y es que Jordan Taylor se había ofrecido a enseñarnos el box por dentro. A pesar de las advertencias de que éramos un grupo de casi 20 personas, el estadounidense no cambió de idea, eso sí, entrando en pequeños grupos de 3 personas. Algunos además tuvieron la oportunidad de coincidir con Antonio García durante su visita, al que hasta entonces no habíamos tenido oportunidad de saludar.

 

Poco después sufrí un pequeño golpe de suerte al encontrarme a Christina Nielsen, piloto a la que admiro, en la puerta de su box, grabando una entrevista para Eurosport, la danesa tuvo la amabilidad de firmarme la camiseta, y es que todos los pilotos se vuelven muy amables con las cámaras delante, pues la escena se repitió poco después con la local Ines Taittinger. Al llegar a la altura del box de Manor, Roberto estaba en la zona, y de nuevo no dudó en acercarse a saludarnos y charlar un largo rato con  nosotros para poco después conseguir que los británicos nos dejaran ver el box y el LMP2 de cerca, emulando la maniobra de Jordan Taylor, un escenario que difícilmente ninguno de nosotros como aficionados rasos nos pudiéramos haber imaginado.


 
 

Acabadas las visitas por los boxes, decidí volver al coche, a descansar las piernas con la excusa de que había que recibir a tres nuevas personas que se unían a la expedición, y es que lo más duro aún estaba por venir. Tras recibir a los nuevos integrantes que llegaron hasta el Parking Vert en tranvía después de un avión hasta París y tren hasta Le Mans, el grueso del grupo se unió a nosotros tras haberse hecho un bonito reportaje fotográfico en la zona del puente Dunlop.


 
 

Era el momento de ir hasta Le Mans, hasta la ciudad de Le Mans, donde tendría lugar el “Drivers Parade”. El “Drivers Parade” es sin duda uno de los momentos más especiales del evento que conforma las 24h de Le Mans. Todos los pilotos desfilan cual cabalgata de reyes en navidad por una ruta a lo largo de la ciudad. La gente se agolpa a lo ancho de la carretera para ver a sus pilotos preferidos, que acostumbran a estar acompañados de coches clásicos, deportivos de gama alta o sencillamente prototipos, así como bandas de música y baile. Un evento de varias horas de duración que además obliga a coger sitio con antelación para garantizar una primera línea.


 
 

Con la veteranía de otros años, tras aparcar en el centro de la ciudad y una rápida comida en un McDonals, nos dispusimos a coger posición, esta vez acompañados de nuestras queridas sillas y otros útiles esenciales para la larga espera, como protector solar y líquidos. Con las pancartas hechas para la ocasión, una con referencias a Antonio García y Jordan Taylor y otra con referencias a Merhi, así como con la bandera Nerda y todos con la camiseta conmemorativa de esta edición de Nerdmans lista, comenzó el evento.


 
 

La unión hace la fuerza, y un grupo de casi 20 personas cantando y vitoreando al unísono nos daba ventaja a la hora de concentrar la atención de los pilotos, y algo más. Ya que fue Jackie Chan, prácticamente abriendo el desfile, el primero en llegar hasta nosotros, parando el coche, cogiendo un teléfono de uno de nosotros, y haciendo un selfie. Este no sería más que el primero de una cascada de momentos memorables. El ser un grupo formado por una mayoría muy afín a las carreras, nos hace conocer a una serie de pilotos que generalmente pasa inadvertido para el público general, y la cara tanto de pilotos como Ho-Ping Tung siendo vitoreados, como la de sus propios compañeros al ver que está siendo vitoreado, resulta indescriptible.


 
 

El número de pilotos que nos atendieron resulta incontable, destacando la aparición de Jordan Taylor, quién realizó todo el Parade con la camiseta que le regalamos durante la mañana. También nos acogió con una sonrisa de oreja a oreja Antonio García, que recibió su camiseta de Nerdmans de regalo. Ricky Taylor y Jan Magnussen acompañaron al español, bajándose del coche y haciéndose fotos con nosotros en una situación que no creo que llegaran a entender del todo. Antonio nos firmó algunas camisetas, o en mi caso, la gorra, siendo ahora en exclusiva el poseedor de una gorra de Campos Racing firmada por Arthur Pic y Antonio García.


 
 

Christina Nielsen nos recordaba de la edición de 2015, grabándose un vídeo con nosotros que más tarde compartiría en redes sociales, eligiéndonos a pesar de tener las hordas de aficionados daneses que abarrotan Le Mans desde los incontables triunfos de Tom Kristensen. Pilotos como René Rast, Mikhail Aleshin o Giedo Van der Garde no reaccionaban demasiado bien a nuestra pancarta de Roberto Merhi (Siempre en tono de humor) si bien el neerlandés no dudó en acercarse a charlar con nosotros, preguntando de dónde éramos para terminar la conversación con un “Pim, pam, pum, toma lacasitos” que no hizo más que suscitar centenares de preguntas entre nosotros.


 
 

Roberto Merhi prácticamente cerraba el desfile, y para colmo de males, llegó junto a una copiosa lluvia. Aun así, Roberto nos atendió, recogiendo la camiseta que le hicimos para la ocasión, fotografiándose junto a la pancarta, y regalándonos unas banderitas de Manor, que desafortunadamente a causa de la mencionada lluvia, no tuvieron muy buen destino. Una pena que la climatología nos diera este revés en este momento, pero tras lo vivido los días anteriores, no se puede hablar de mala suerte.

 

Acabado el desfile, vuelta al campamento, previo paso por la gasolinera para comprar combustible para el generador, mientras buscábamos algo de hielo para los refrescos. Resulta curioso como a pesar de un evento tan importante, los comercios de la ciudad mantienen una hora de cierre muy baja, no encontrando finalmente un lugar en el que comprar hielo (aunque tampoco insistimos mucho). Al no haber actividad en pista, el circuito se encuentra abierto al tráfico, pasando por Hunaudieres y por las chicanes durante la vuelta al camping. Siempre es una sensación especial pasar por mitad del circuito, entre barreras de neumáticos, pianos, y con las visibles marcas de frenado en el asfalto.


 
 

Ya en el campamento, nueva noche de barbacoa, pero esta vez para continuar con otra tradición, unas sabrosas hamburguesas de gran tamaño compradas en www.lapaissa.cat y acompañadas con la misteriosa Salsa Hoygan. Tras un día duro físicamente, nada como una comida de este tipo para recuperar fuerzas antes del día de la carrera.

 

Una de las ventajas de la entrada general de Le Mans, además del coste contenido, es la amplia posibilidad de movimiento. La negativa, que ningún sitio te pertenece. Si quieres hueco, más te vale ir con antelación, y si quieres un hueco en la tribuna para ver la salida, más te vale ir a primera hora de la mañana y esperar pacientemente, especialmente si quieres visión en una de las pantallas gigantes repartidas por el circuito. De nuevo, imprescindibles varios objetos; la protección solar así como el poncho impermeable, sin olvidar comida y bebida, esta segunda en abundancia, y de manera opcional, el programa y una pequeña radio con la que sintonizar Radio Le Mans y poder estar así al tanto de la carrera. Las carreras soporte ayudan a amenizar la espera, como también la oportunidad de ir a ver las tiendas tras la tribuna, siempre y cuando formes parte de un grupo grande que no pierda su sitio.


 
 

En las 24h de Le Mans, el procedimiento de salida se inicia dos horas antes, aunque durante parte del mismo la pista se llena de VIPs que no permiten ver prácticamente nada de lo que ocurre en el asfalto. A poco de comenzar, el director de carrera va dando la salida a los vehículos uno a uno. Posteriormente estos pasan por boxes para rellenar combustible y se ponen en formación para comenzar la prueba. La organización hace coincidir una canción de tintes épicos con la salida, lo que potencia de forma incalculable el hype y convierte en un momento inolvidable ver acercarse 60 coches al ritmo del Also Sprach Zarathustra de Strauss o el War de Vince DiCola rumbo a comenzar la carrera más importante del año. Desafortunadamente, la organización, de forma muy discutible, se cargó el mencionado momento haciendo que los pilotos desfilasen casi una hora tras el safetycar, dándose por primera en la historia de Le Mans este comienzo de carrera tan deslucido que enfureció al público presente.


 
 

Tras varias horas en tribuna, el cuerpo pide visitar otras curvas. Las curvas de la zona Dunlop suelen ser un lugar recomendable, pues siempre se encuentran buenas zonas de pelouse en la que poner tu silla o directamente tirarte sobre el pasto. Realmente, todas las curvas, tanto en la zona exterior como en la zona interior, tienen su punto interesante, no habiendo lugares malos o no aconsejables.  Para bien o para mal, Le Mans está repleto de momentos que no te deberías perder. La salida, el atardecer, la noche, el amanecer, la llegada, el podio… Sin embargo, tras una semana de camping las fuerzas flaquean, el cansancio acumulado te pueden hacer actuar de formas en las que no te reconocerías, y el dormir unas horas, especialmente si el domingo debes conducir, no es una idea desaconsejable.

 

De todo se aprende y la experiencia es un grado, y el coger el saco de dormir para una siesta rápida en la pelouse, están en mi debe para futuras ediciones. Si durante la noche decides abandonar el circuito, bien para dormir un rato o para una cena, puede ser la excusa perfecta para visitar Arnage. En mi primera visita, fue sin duda el lugar que más me impresiono, por la alta velocidad a la que los coches pasan delante de ti, a apenas unos metros de distancia, cómo aparecen de la nada de una zona boscosa para pegarle una patada al freno, hacer una curva y volver a desaparecer. Una sensación no fácilmente descriptible que hay que vivir al menos en una ocasión.


 
 

Tras dormir unas horas, ya separado de mis compañeros de viaje quienes habían ido tomando diferentes caminos según pasaba la noche (Jamás me perdonaré perderme la cena en la pizzería a los pies del circuito, pero cuando el cansancio se apodera de ti, se toman malas decisiones) decidí buscar un sitio para estar hasta el final de carrera. Casi de casualidad, di con un sitio en el que me hacía ilusión ver el final, la mismísima recta de meta, con visibilidad a una pantalla gigante.

 

Para enterarse de una carrera no hay nada como verla por televisión. Es un hecho, una realidad. Y en Le Mans, diría que más evidente aún. Prácticamente todo lo que sabía sobre la carrera me llegaba vía Whatsapp, teniendo ya conocimiento de que ninguno de los pilotos españoles tenía opciones de podio. Del resto, especialmente de la lucha Porsche – Toyota me puse al tanto a través de las pantallas gigantes. La realidad es que la grada estaba con Toyota. Sus adelantamientos sobre Porsche eran vitoreados, y esta vez sí, parecían destinados a conseguir la ansiada victoria.


 
 

Pero no. Mi posición me permitió vivir el drama de Toyota con vistas privilegiadas. Cuando Nakajima pasa por meta y se abre hacia el muro, como si se tratase de una celebración, la primera reacción, impresión, es que el piloto se ha equivocado, creyendo que había terminado la carrera. Decir que la gente en tribuna (donde no se habían escuchado las radios) estaba incrédula, sería quedarme corto, al tiempo que algún porschista saltaba y gritaba de alegría. 


 
 

El Toyota, que se había quedado parado, conseguía reemprender la marcha, al tiempo, llegaba el ganador de la carrera así como los ganadores de las diferentes categorías. Del primero al último coche son recibidos con un fuerte aplauso, siendo más notorio el que recibió el Toyota de Nakajima, ya que en esos momentos un silencio invadía la tribuna, sin ruido de motores en el fundo. El aplauso de la tribuna se mantuvo desde que el coche apareció por el horizonte hasta que tras parar de nuevo al pasar meta, el personal de Toyota llegó al coche, sacó a Nakajima, y se lo llevó a boxes. El mayor homenaje que el público podía hacer en ese momento, pero que ni de lejos sirve como consuelo ante una derrota tan dolorosa.

 

Con la carrera finalizada, llega el momento de regresar al camping para desmontar todo e iniciar el viaje de vuelta a casa. Sin embargo, llegar al camping no iba a ser fácil ante la no muy inteligente idea de haber cogido el coche el domingo por la mañana. La gente de accesos dirige todo el tráfico en una sola dirección, cortando con vallas el camino. Afortunadamente, tras explicar que debía volver al camping donde tenía todas mis cosas, accedían a abrirme las vallas, siempre diciéndome que quizás delante no me iban a dejar pasar. Pero finalmente pude llegar al camping en más bien poco tiempo.


 
 

Me gusta más la idea de echar una siesta antes de iniciar el viaje de vuelta que lanzarnos directamente a la carretera, pero desafortunadamente gente del grupo tenía que estar en su puesto de trabajo el Lunes a primera hora, y no había tiempo que perder. Tras un rápido empaquetamiento, algunas fotos de despedida y cargar los vehículos de nuevo, comenzamos el regreso a casa. La ruta sería la misma que la escogida para ir, con una pequeña parada en Tours, donde se tomaría la cena, de nuevo, en un McDonals.


 
 

Aquí agradecí las horas dormidas durante la noche, pues tras una semana de no parar, me encontraba en buenas condiciones para conducir, cosa que no ocurrió en la edición de 2015, por ejemplo. Llegada la noche, mi compañero de viaje me dio el relevo al volante. Ejercí de nefasto copiloto al quedarme dormido de casi forma instantánea, hecho que me sorprendió a mí mismo, ya que nunca me quedo dormido en coches en marcha, pero como comenté anteriormente, la suspensión del Hyundai Elantra es notablemente agradable.

 

Tras unas horas de siesta, una nueva parada. Mi compañero de viaje comenzaba a notar fatiga y quería al menos estirar las piernas. Tras despertarme, decidí volver a ponerme al volante. El descansar y los relevos son verdaderamente importantes. Mientras que un viaje de ida es un paseo, el de vuelta se hace realmente cuesta arriba. No hay nada más desmoralizador que estar cansado, deseando llegar a casa, y cruzarte con un cartel que te avisa que la frontera está a 400 kilómetros.


 
 

Afortunadamente el viaje se desarrolló sin incidencia alguna, destacando únicamente una parada extra para repostar combustible. El Elantra posee un depósito de 50 litros. Aunque los consumos por autovía son muy contenidos, aun yendo el coche cargado, la autonomía  se me hizo insuficiente. No se trata más que de una manía mía, pero en coches siempre preferiré depósitos de 75 litros a los de 50. De los de 40 litros prefiero ni hablar.

 

Poco antes del amanecer, cruzamos la frontera para apenas una hora y pico después estar ya en Llinars, de donde habíamos partido seis días atrás. Momento de vaciar el Hyundai, despedirse de los compañeros de viaje y buscar un lugar donde dormir. Tras parar tiempo para anotar algunos datos. Al Hyundai Elantra se le realizaron entre 2.200 y 2.400 kilómetros durante el viaje, contando la tarde del Martes por Barcelona. Con el coche cargado y contando todos los atascos vividos en Le Mans, el consumo final fue de 5,6 litros a los 100, siempre según el ordenador de viaje. Destacar aquí que mientras la conducción en autovía y carretera fue extremadamente suave, cuidando precisamente el consumo, no se puede decir lo mismo de los trayectos cortos o interurbanos en Le Mans, donde se abusó del acelerador más de la cuenta.


 
 

Facturas en mano, por si alguien está echando cuentas para futuros viajes, puedo decir que entre combustible y peajes, se llegaron a los 89€ por cabeza. Es una cifra alta que puede alentar a usar el avión o el tren, pero al fin y al cabo, si en un grupo grande todos lo hicieran, no habría coche y la logística se haría impensable. En gastos generales, entre los que se incluye desde la compra de la barbacoa a la carpa pasando por la cafetera así como la comida, se acumuló un total de 81€ por cabeza, añadiendo unos 20€ por mi cuenta de compras realizadas en solitario de bebida energética y picoteo tanto en el viaje de ida como en el de vuelta. Se le añade 33€ de la comida en el McDonals el día del Drivers Parade, la cena en la misma cadena en la ciudad de Tours así como la cena del día de salida en España.  Afortunadamente pude comprar la entrada con descuento, por lo que de los 78€ iniciales, solo tuve que pagar 39€, lo que hizo que pudiera comprar numerosos vasos, un total de 10, así como el libro original de Jo Ramirez que encontré en las tiendas, todo por un precio de 15€.


Todos estos gastos hacen un total de 277€, al que se le suman 28€ del precio de las camisetas y pancartas hechas para la ocasión. Por último, siempre hay compras de última hora en tiendas de ropa. Calcetines travesía, algunas camisetas, poncho impermeable y chaqueta ligera así como calzado a estrenar, que aconsejo se estrene a priori, lo que incrementa el precio, así como el hecho de tener que trasladarte a la ciudad de partida, que en mi caso tuve la fortuna de encontrar unos buenos precios en RENFE, saliéndome la ida y vuelta por 70€. En total, mi semana en Le Mans me ha salido por 450€, un precio que se puede reducir, pero no sería justo decir que esta semana de vacaciones sea un regalo. Aunque sea como sea, desde luego, es un viaje muy recomendable.


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