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David Durán - Mercado Motor - 29/09/2015 - PRUEBAS

Un Fiat perdido por la Costa Azul

Probamos el 500L por las carreteras protagonistas del Rallye de Montecarlo

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Twitter (@TheDDuran)

 

Las carreteras que rodean la Costa Azul son, según dicen, algunas de las mejores carreteras del mundo. La posibilidad de poder disfrutar de dichos senderos me animó sobremanera, lanzándome a la ocasión - con motivo de un test de Hyundai para el mundial de rallyes - de tomar un par de aviones y plantarme en Niza. Allí tenía pensado tomar un pequeño vehículo utilitario con el que exprimir la experiencia de las carreteras que tanta buena fama habían cobrado con el paso de los años.

 

Sólo que no contaba con que fuera un Fiat.

 

A mi estupor inicial de pisar suelo francés y estar en una gran y desconocida ciudad se unió el hecho de que me encontrase con las llaves de un “five-hundred” en mano. Al parecer, la persona encargada de otorgarme tal objeto no diferenció entre el 500 estándar y el 500L del segmento C. Así fue como me aproximé, mapa de la zona en mano, al habitáculo del 500L.

 

Por dentro, el no-tan-pequeño-como-se-supone-que-debería-ser-un-500 italiano ofrecía toda clase de elementos e instrumentos que, si bien no iba a saber aprovechar en dos días de viaje, si ofrecen una experiencia de comodidad al volante. Incluso para un servidor, que nunca se ha sentido a gusto con propulsores diesel, no fue complicado habituarme al 500L mientras salía de Niza con rumbo al pueblo de Grasse, a una media hora de camino.

Si hay algo que esta experiencia me dio a entender es la posibilidad o planteamiento de que los italianos fabriquen sus coches como entienden a las mujeres: durante el primer día, reflejando un período menstrual, el 500L demostraba algo de falta de potencia al salir de entorno urbano a bajas revoluciones, el indicador de cambio de marchas saltaba demasiado pronto - hubiera calado en MUCHAS ocasiones de no ser por un sistema anticalado más que eficiente y, en definitiva, se antojaba complicado de entender, si bien el sistema de dirección asistida era capaz de ofrecer un manejo próximo al de un compacto. Aunque en parte era debido a mi costumbre innata de conducir coches de gasolina, lo cierto es que la comodidad de la que debía disfrutar al volante del 500L no aparecía por ningún lado.

 

Antes de detenerme en Grasse, decidí - en parte por no encontrar a la primera el hotel - realizar algunos kilómetros, sobre todo en el tramo que une Grasse y Cabris, algo más arriba en la misma montaña. Nunca un recorrido tan corto (realicé un total de cuatro pasadas, dos cuesta arriba y dos cuesta abajo) había propiciado un desgaste del vehículo como el que llevé a observar, pues al bajarme del Fiat los frenos y algunas partes del motor mostraban una subida de temperatura más que evidente. Horas más tarde, una vez hice el recorrido en un 500X junto a dos periodistas deportivos de habla francesa - que en una sola pasada ya ofrecía un olor a frenos calentitos bastante curioso - fui informado por nada menos que Michel Nandan que dicho tramo era parte del itinerario de una antigua prueba del Campeonato Francés de Rallyes: dicho de otro modo, acababa de meterme cuatro pasadas a un tramo sin parar. En un Fiat. Suficiente como para descansar hasta el día siguiente, en el que nos dirigiríamos al Col de Bleine.

 

Por suerte, los italianos entienden tanto de tratar con mujeres como de hacer coches y, una vez se ‘calman’, ofrecen su mejor cara: una dosis de confianza extra de vuelta al volante y a los pedales convirtió al 500L en mucho más de lo que los anuncios de la marca ofrecen. Los intrincados caminos - horquillas incluidas - de las montañas de la Costa Azul apenas eran un paseo matutino para el revitalizado aparato, capaz de tomar curvas y curvas sin perder un sólo ápice de potencia - siempre y cuando se retrasara las subidas de marchas un poco más de lo que el indicador electrónico insistía.

La dirección asistida juega un papel muy importante a la hora de ofrecer esa sensación de comodidad, haciendo posible que el 500L pueda conducirse incluso sin dedos...y de hecho fue necesario. Al haber dejado la mochila (con todo mi equipo de trabajo dentro) en el asiento del copiloto - suerte que el software del coche entendió pronto que no era una persona bajita y no me insistió en eternos pitidos que le pusiera el cinturón - en cada curva cerrada o frenada fuerte se precipitaba hacia la guantera, imagen nada agradable para quien lleva dentro un portátil, una cámara de fotos y demás aparatos electrónicos. Una vez llegué a una sección plagada de horquillas, miré con algo de horror la mochila y supe lo que hacer: antes de cada viraje reducía de cuarta a segunda, alargaba la mano hasta la mochila, sujetándola mientras que giraba los casi ciento ochenta grados de la horquilla utilizando los nudillos o la muñeca debido a todo el espacio que había entre los asientos. Tras varias horquillas haciendo estiramientos nada ortodoxos conseguimos llegar a la base del Col de Bleine, donde el 500L pudo descansar unas horas tras un trabajo más que satisfactorio.

 

A la vuelta tocaba dirigirse por un camino distinto - desconocido - hasta volver a Niza. Pese a las indicaciones establecidas, unos cruces algo traicioneros y un tramo cortado hicieron que, con tal de llegar a tiempo al aeropuerto, los neumáticos, la suspensión y el chasis del 500L fueran puestos a prueba en las tan aclamadas carreteras de la Costa Azul. Tenía la corazonada de que iba por el buen camino (aunque temía acabar en Paris o en los Alpes), pero poco había que pensar salvo en exprimir el propulsor del Fiat. Para ello es necesario cambiar un poco más tarde de lo que indica el propio vehículo, sin miedo a acelerar ya que la entrega de potencia es bastante suave (aparte de que no monta el motor de un Ferrari). El único momento desagradable llegó cuando me sorprendió una curva ciega, donde a cualquier conductor incauto le esperaban más de cien metros de arboledas cuesta abajo. No obstante, el buen comportamiento del vehículo nos mantuvo en carretera, pudiendo continuar con el viaje.

 

En torno al mediodía suelen provocarse grandes atascos en torno a Niza - gente que viaja hacia Italia y viceversa, además del común atasco de después de trabajar. El atasco se magnifica si los camiones hacen acto de presencia en carreteras con badenes y peajes tanto en autopista como saliendo de vías urbanas. Pese a todo, el 500L llegó a su destino, donde un dicharachero encargado se asustó del calor que hacía dentro del coche (entre la idea de no perder potencia y que no conocía el cuadro de mandos, jamás llegué a tocar el aire acondicionado). Una vez le dije lo que había disfrutado del viaje, me respondió “¿Como un Nespresso?”. Ante mi cara extrañada (y algo sudorosa), terminó con un pícaro What else?.

A nivel personal, nunca he sido fan de los coches modernos, de su filosofía, tampoco de la forma de funcionar de los diesel...pero sí apoyo a lo que funciona y, damas y caballeros, el Fiat 500L es un coche que hace su función. Quizás a veces le falte potencia, quizás a veces le sobre relación de cambio, pero lo cierto es que está a la altura de los estándares de rendimiento del mercado actual.


Pero por lo que más queráis, no lo metáis en rallyes. No es el 131.


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